Un día me desperté y ya
no estabas. Ni tu recuerdo en mi cabeza. Ni la sonrisa peculiar que solamente
tú me creabas. Un día me desperté y ya no estabas y tenía la sensación de que
todo fue un sueño. Un sueño efímero que cada segundo que pasa se va difuminando
poco a poco. Un día desperté y ya no estabas, ni el recuerdo de tu voz en mi
cabeza tampoco. Ni el olor de tu piel, ni las sensaciones que esta creaba
cuando entraba en contacto con la mía. Un día desperté y ya no estabas. Al
darme cuenta de ello me dieron ganas de llorar y de volver a dormirme para
buscarte en todos y cada uno de los sueños que había tenido durante la noche,
pero fue en ese momento cuando me di cuenta de que todo fue real aunque en su
momento. Entonces me levanté de la cama y empezaron a temblarme las piernas
como cuando sabía que nos íbamos a ver. Mis manos buscaban por el aire las
tuyas pero no las encontraron. Mis pies se empezaron a mover ordenados por mi
cabeza para que buscaran cualquier cosa que respaldara que yo no estaba loca,
sino que solamente estaba resacosa después de un gran amor. Desorientada me
senté en el suelo y metí la cabeza entre las rodillas para protegerme no sé de
qué. A partir de ese día me despertaba con el conocimiento de que no te
volvería a ver igual que cuando me enamoraste. A partir de ese día supe que lo
que nos unió ya había muerto.
'Dicen que el talento es algo innato, puede que sea cierto pero riégalo a diario o habrá muerto'
viernes, 11 de abril de 2014
martes, 25 de febrero de 2014
Para que lo vayas pensando.
Solo quiero ser yo la que te desee los buenos desde la pantalla del móvil, con la que tengas ganas de hablar después del instituto. Solo quiero ser yo la que pase un mes y otra también contigo entre el chaquetón de invierno y el pantalón más ajustado y fresquito del verano. Solo quiero ser yo con la que pases las tardes de invierno en casa de tus padres mientras vemos una película aunque desgraciadamente nunca podamos verla solos. Quiero ser la chica con la que llores cinco minutos para desahogarte y te pases días enteros riendo, con la que siempre puedes contar para todo o con la que discutas pero al segundo ya lo quieras arreglar porque nos queremos lo suficiente como para no hacernos daño. Quiero ser la afortunada que te vea crecer, la que te vea sacarte el carnet de coche, da igual el intento y que aún así quieras que la primera vuelta en coche la diera contigo. Quiero visitar millones de lugares contigo ya que tenemos la oportunidad de escaparnos dentro de unos limites porque todavía no somos independientes totalmente. Quiero ser a la que apoyes para pasar la reñida Selectividad para poder ir a la Universidad y que sigan pasando los años y que estés cuando la termine. Quiero ser la que todavía comparta tus tardes lluviosas de domingo debajo de una mantita calentita y si se da la ocasión al lado de la chimenea. Quiero ir a verte después de que salgas de trabajar y aunque salgas muy sucio ir corriendo a abrazarte como cuando empezamos a salir. Quiero poderle decir a mi madre: “Mamá, que llevo un tiempo ahorrando y me voy a ir a vivir con él” y que la persona con la que comparta piso seas tú. Quiero tener nuestro propio sofá, manta y televisión para poder ver las películas sin que nadie más nos moleste. Solo tú, yo y la mantita. Quiero darte los buenos días girándome en la cama para darte un beso, prepararte el desayuno y que ambos nos vayamos a trabajar para poder alimentar a la criaturita que llevo dentro. Quiero que años después ya no nos pasemos las tardes de domingo viendo pelis sino jugando con nuestro nene y nuestra nena. Quiero ser la que todavía te ponga la carne de gallina con cada te quiero y la que todavía te haga sonreír durante un beso de los que tanto te gustaban. Quiero ser la que muchos años después te sigue haciendo el desayuno todas las mañanas a duras penas y la que comparta contigo las tardes de domingo con nuestros nietos. Quiero ser la que después de varias décadas sigas queriendo como el primer día. No sé si he sido lo suficientemente clara y tampoco sé si aceptarás dejarme ser todo ello, pero no tengo prisa ya que estoy dispuesta a darte el resto de mi vida para que te lo vayas pensando.
martes, 24 de diciembre de 2013
Puta Navidad.
Estoy cansada de la parafernalia de la Navidad. Que
sí, que es muy bonito ver las luces ya sea en las grandes ciudades o en un
pueblucho perdido de la mano de Dios o respirar el espíritu de generosidad y de
alegría por todos lados. Pero yo ya me he cansado de las cenas familiares, de
los regalos, del arreglarte en vano, de preocuparte de que plato se servirá hoy
en la gran comilona que luego en Enero te costará un mes de gimnasio para bajar
dos días de no parar de comer que no sirven para nada. Bueno perdón sí que
sirven, solo sirven para que te gastes el dinero y para estrechar lazos con la
familia que el resto del año te da igual su existencia. Yo soy más conformista
y caprichosa a la vez. Solo pido pasar una Navidad junto a él con un sofá y una
manta. Lo prometo no pido más. No quiero regalos, ni vestidos fabulosos ni la
falsa alegría que se intenta conseguir antes, durante y después de las
reuniones familiares. Yo opino que la Navidad es para pasarla con las personas
que realmente te hacen sentir tú y aunque los mayores lo sepan se empeñan en
hacerte cenar con los típicos tíos que te importan una mierda y que no se
acuerdan de ti el resto del año. Si todo el mundo alguna que otra vez se queja
de esta época del año, ¿por qué se sigue celebrando? No lo entiendo porque las
Navidades solamente te hacen recordar a los que faltan y suficiente nos lo
recordamos nosotros mismos durante los días restantes como para tener que
reunirte con veinte personas más para que te lo recuerden. Que no, que no, que
yo estoy muy cansada de la Navidad. Yo solo quiero a mi chico especial, un sofá
y una manta para no pasar frío. No quiero comidas despampanantes porque con una
pizza me conformo, no quiero un vestido precioso ya que no hay prenda más
bonita y cómoda que mi pijama y no quiero a veinte personas o treinta personas
a mi alrededor haciéndome la pregunta de ‘¿qué tal el novio?’. Lo que yo
realmente quiero es a él, que llegue el gordito de rojo y que nos pille
abrazados durmiendo delante de la chimenea, que mi único regalo la mañana del
25 de Diciembre sea su beso de buenos días y que cuando pasen los días recuerde
la Nochebuena con una sonrisa de felicidad verdadera y no con el sentimiento de
no querer que lleguen las siguientes navidades.
lunes, 28 de octubre de 2013
Perdida en sueños.
Mi vida es un
aburrimiento aunque hay momentos en la vida en los que esta te sorprende. El
otro día me levante para ir al instituto como un día normal, cogí el autobús
como de costumbre y para variar a las ocho y media de la mañana entré a esa
prisión verde que algunos llaman instituto. La gente es siempre la misma, los
pasillos parecen todos iguales y las clases, las clases eran monótonas hasta
que llegó aquella hora, la hora de Lengua con Ana Mariñosa.
Después de dar cierta materia, de la cual no me acuerdo muy bien por mi somnolencia, comenzó a leer una leyenda de Bécquer. Ella decía que era una historia muy conocida y que quería que hiciéramos una actividad con ella, por tanto la presté mi mayor capacidad de atención. Después de introducirnos un poco algunos conceptos sacó unos cuantos folios de su mochila marrón y comenzó a leer. Su voz no era la misma de cuando explicaba la lección ya que no estaba elevando el tono porque todos manteníamos un silencio sepulcral, uno jamás visto en mi clase. A pesar de que teníamos que tomar nota opté por apoyar mi cabeza sobre mi brazo en posición de ángulo de noventa grados como algunos de mis compañeros. La profesora llevaba un par de minutos leyendo con el mismo tono de voz y en clase no se escuchó ni a una mosca volar. Poco a poco notaba como su voz se metía en mi cabeza y era capaz de imaginármela a la perfección…
De repente me desoriento y no sé donde me encuentro. Solo sé que estoy en un salón rodeada de gente, gente que charla sobre almas en pena y la noche de los difuntos. Intento buscar a mis compañeros pero no los encuentro. Todo a mí alrededor es muy extraño. Todos visten con ropa lujosa de época sin embargo aquí estoy yo con mis vaqueros rasgados y mis deportivas. El salón es enorme aunque un pequeño rincón con una chimenea llama mi atención. “¿Quién será toda esta gente?” me pregunto, aunque no había forma de encontrar la respuesta. Me comencé a poner muy nerviosa hasta tal punto de que me castañeaban los dientes y no, no era por frío. Lentamente con pasos titubeantes me acerqué a donde dos muchachos estaban sentados. Antes de interrumpirles escuché lo que estaban diciendo y por lo que escuché eran familia aunque en el ambiente se respiraba amor. Cuando hubo un silencio algo incómodo al parecer intenté hablarles pero o no me escuchaban o me ignoraron por completo. Entonces me giré e intenté hablar con alguna anciana que estaba situada cerca de mí pero el resultado fue el mismo, nada. Definitivamente era invisible. ¿Cómo iba a saber cómo salir de allí si no sabía ni donde me hallaba? Los dientes me castañearon aún más y el frío de aquella sala empezaba a calar en mis huesos inquietos.
Ante mi desesperación intenté chillar para ver si alguien hacía el amago por lo menos de atenderme pero mis berridos se ahogaron de tal manera que no me quedo más remedio que escuchar lo que aquella pareja de jóvenes medio enamorados decía. Al parecer hablaban de un objeto que la muchacha había perdido y por ello usó una táctica femenina para hacer que el chico lo recuperara. Vi el miedo de ese chico en los ojos, aunque apuesto lo que quiera que si él me hubiera visto a mí, vería el doble de desesperación, ya no miedo sino desesperación.
Después de dar cierta materia, de la cual no me acuerdo muy bien por mi somnolencia, comenzó a leer una leyenda de Bécquer. Ella decía que era una historia muy conocida y que quería que hiciéramos una actividad con ella, por tanto la presté mi mayor capacidad de atención. Después de introducirnos un poco algunos conceptos sacó unos cuantos folios de su mochila marrón y comenzó a leer. Su voz no era la misma de cuando explicaba la lección ya que no estaba elevando el tono porque todos manteníamos un silencio sepulcral, uno jamás visto en mi clase. A pesar de que teníamos que tomar nota opté por apoyar mi cabeza sobre mi brazo en posición de ángulo de noventa grados como algunos de mis compañeros. La profesora llevaba un par de minutos leyendo con el mismo tono de voz y en clase no se escuchó ni a una mosca volar. Poco a poco notaba como su voz se metía en mi cabeza y era capaz de imaginármela a la perfección…
De repente me desoriento y no sé donde me encuentro. Solo sé que estoy en un salón rodeada de gente, gente que charla sobre almas en pena y la noche de los difuntos. Intento buscar a mis compañeros pero no los encuentro. Todo a mí alrededor es muy extraño. Todos visten con ropa lujosa de época sin embargo aquí estoy yo con mis vaqueros rasgados y mis deportivas. El salón es enorme aunque un pequeño rincón con una chimenea llama mi atención. “¿Quién será toda esta gente?” me pregunto, aunque no había forma de encontrar la respuesta. Me comencé a poner muy nerviosa hasta tal punto de que me castañeaban los dientes y no, no era por frío. Lentamente con pasos titubeantes me acerqué a donde dos muchachos estaban sentados. Antes de interrumpirles escuché lo que estaban diciendo y por lo que escuché eran familia aunque en el ambiente se respiraba amor. Cuando hubo un silencio algo incómodo al parecer intenté hablarles pero o no me escuchaban o me ignoraron por completo. Entonces me giré e intenté hablar con alguna anciana que estaba situada cerca de mí pero el resultado fue el mismo, nada. Definitivamente era invisible. ¿Cómo iba a saber cómo salir de allí si no sabía ni donde me hallaba? Los dientes me castañearon aún más y el frío de aquella sala empezaba a calar en mis huesos inquietos.
Ante mi desesperación intenté chillar para ver si alguien hacía el amago por lo menos de atenderme pero mis berridos se ahogaron de tal manera que no me quedo más remedio que escuchar lo que aquella pareja de jóvenes medio enamorados decía. Al parecer hablaban de un objeto que la muchacha había perdido y por ello usó una táctica femenina para hacer que el chico lo recuperara. Vi el miedo de ese chico en los ojos, aunque apuesto lo que quiera que si él me hubiera visto a mí, vería el doble de desesperación, ya no miedo sino desesperación.
Me senté en el sofá que
aquel muchacho había dejado libre, al parecer ese chico se llama Alfonso y la
chica Beatriz. La curiosidad era que me sonaba bastante esos nombres, pero
bueno, no le di importancia. Intenté tranquilizarme pero el castañeteo de mis
dientes retumbaba en mi cabeza y no me dejaba pensar. El frío en mi cuerpo
aumentaba y no había manera humana de pararlo. O salía de allí o moriría a
causa de un ataque de nervios porque todo eso era muy extraño.
Al tiempo de ver al
muchacho marchar la chica se levantó y salió de la sala. Por curiosidad decidí
seguirla para ver si podía encontrar una salida o por lo menos una respuesta.
Mis piernas eran gelatina y de haber visto mis huellas parecerían marcas de
pasos de una clase de bailes de salón. Estaba inquieta, aturdida, necesitaba
salir de donde fuera que estuviera porque no hay peor sensación que no saber
dónde estás ni a dónde vas. Como pude
seguí a la chica y con ella llegué a lo que parecían sus aposentos. Después de
unas oraciones y de preguntarse dónde estaba su supuesto amado se acostó y yo
me fui a la esquina de su habitación detrás de una cortina para cobijarme un
poco. La cabeza me daba vueltas, quería chillar pero sabía que no serviría de
nada, que simplemente se quedaría en gritos sordos.
De repente vi como Beatriz levantaba la cabeza de su lecho porque creo que las dos empezamos a escuchar exactamente lo mismo: un reloj daba las doce, unos perros ladraban y un conjunto de pasos y de ropas arrastradas se acercaban hacia la habitación donde ambas nos encontrábamos. Muerta de miedo decidí taparme la cara con la cortina aunque como se suele decir la curiosidad mató al gato. No logré ver nada la verdad pero escuchar sí que lo hice aparte de mi característico castañeteo que ya alcanzó el nivel de castañuela.
La mujercita parecía dormida pero yo solo pensaba en la manera de salir de allí. ¿El por qué? El ambiente de la habitación había cambiado, el aire se tornó frío y congelador pero distinto al que había en esa misma habitación hará un rato. Fue un frio que me paralizó y me dejó inmóvil. Cuando un poco de mi miedo se puso en pause fui capaz de echar un vistazo por la habitación iluminada tenuemente por la Luna. Y sinceramente no sé para que lo hice, lo único que conseguí fue que mis cuerdas vocales y mi boca no pudieran articular palabras a pesar de que nadie me hubiera podido ayudar. Vi como una especie de sombra que me resultó familiar dejaba una banda sobre la coqueta de la joven y de repente desapareció. Nada más ver eso cerré mis ojos y me tapé totalmente con la cortina para usarla como pañuelo para secar mis lágrimas. Nadie me escuchaba, nadie me veía, solamente me tocaba esperar a que la luz de un nuevo día se hiciera notar por la ventana de la joven, mientras tanto solo quedaba esperar.
De repente vi como Beatriz levantaba la cabeza de su lecho porque creo que las dos empezamos a escuchar exactamente lo mismo: un reloj daba las doce, unos perros ladraban y un conjunto de pasos y de ropas arrastradas se acercaban hacia la habitación donde ambas nos encontrábamos. Muerta de miedo decidí taparme la cara con la cortina aunque como se suele decir la curiosidad mató al gato. No logré ver nada la verdad pero escuchar sí que lo hice aparte de mi característico castañeteo que ya alcanzó el nivel de castañuela.
La mujercita parecía dormida pero yo solo pensaba en la manera de salir de allí. ¿El por qué? El ambiente de la habitación había cambiado, el aire se tornó frío y congelador pero distinto al que había en esa misma habitación hará un rato. Fue un frio que me paralizó y me dejó inmóvil. Cuando un poco de mi miedo se puso en pause fui capaz de echar un vistazo por la habitación iluminada tenuemente por la Luna. Y sinceramente no sé para que lo hice, lo único que conseguí fue que mis cuerdas vocales y mi boca no pudieran articular palabras a pesar de que nadie me hubiera podido ayudar. Vi como una especie de sombra que me resultó familiar dejaba una banda sobre la coqueta de la joven y de repente desapareció. Nada más ver eso cerré mis ojos y me tapé totalmente con la cortina para usarla como pañuelo para secar mis lágrimas. Nadie me escuchaba, nadie me veía, solamente me tocaba esperar a que la luz de un nuevo día se hiciera notar por la ventana de la joven, mientras tanto solo quedaba esperar.
Las horas se hicieron
eternas para ambas como pude presentir aunque al fin la luz de un nuevo día
apareció. Entonces pude escuchar como voces procedentes del salón anunciaban la
muerte de Alfonso, el chico del salón. Antes de que me pudiera levantar del
suelo donde pasé la noche Beatriz ya se había levantado y estaba estupefacta
mirando la banda que se situaba encima de su coqueta. De repente apareció una
mujer perteneciente al servicio de la casa pero para mi sorpresa no la llamaba
a ella… ¡ME LLAMABA A MÍ! ¡PODÍA ESCUCHAR SU NOMBRE RETUMBANDO EN AQUELLA
HABITACIÓN! Entonces…
Entonces abrí los ojos y
levanté la cabeza de mi mesa y pude contemplar las carcajadas resonantes de mis
compañeros de clase que me habían estado observando todo este tiempo mientras la profesora me llamaba a gritos. Efectivamente,
me había dormido.
lunes, 21 de octubre de 2013
Lucha.
Te voy a contar la típica
historia de chica conoce a chico y chico conoce a chica, con la única diferente
de que nosotros no hemos vivido una historia normal. Esas historias típicas
están hechas para las películas aunque siéndote sincera en el siglo XXI esas
pasteladas influyen mas en nuestra vida de lo que nos creemos. Pues eso, ¿por
dónde iba?, yo le conocí a él de la manera más extraña que te puedas imaginar
aunque eso me lo guardaré para mí porque son de esas cosas que no se cuentan.
Él en sí no era mi tipo de chico y por tanto no hubo amor a primera vista, ante
todo hay que ser sincera pero la vida da muchas vueltas y nunca sabes dónde
puede acabar tu mareo. Eso sí, sus ojos azules volverían loca hasta a la chica
con la coraza más grande eso tenlo claro. Prosigo, los meses pasaban y pasaban
y él siempre permaneció en un segundo plano pero sin dejar de ser vital para
que mis prioridades estuvieran suficientemente bien. Pero entonces cuando mi
mundo se torció un poco él se hizo de notar más. No sé si os habrá pasado pero
él es esa persona que sin ser algo más que amigos te ofrece siempre un hombro
para llorar y una sonrisa siempre que necesitas animarte. ¿Pero qué pasó? Que
yo como persona humana que soy me enamoro, y justo me enamoré de aquella
sonrisa. El problema fue conseguir demostrar a alguien que solo te ve como una
amiga que puedes ser algo más después de mucho sacrificio, nervios y ganas de
abandonar lo conseguí. No desistí porque cuando alguien te importa te da igual
todo, solamente ves la meta y aunque sabes que tienes millones de posibilidades
de fallar, sigues adelante. Sigues porque aunque lo que puedes perder puede ser
más de lo que puedas ganas te ves capaz cuando la fuerza del amor me invade.
Eso fue lo que me pasó a mí y aquí me ves, con la persona que yo quería que
formara parte de mi vida de una manera más especial. Desde entonces no ha
habido un solo día que no me alegrara de no haber desistido durante mi lucha,
solamente se rinden los cobardes que no luchan con todas sus fuerzas, esos son
los que pierden. Los meses siguen pasando y le quiero y le aprecio muchísimo más
que el primer día que le besé incluso. Solo intento que día tras día sea feliz
y sacar lo mejor de mí para dárselo a él. Parece que él a cambio me da momentos
increíbles. Momentos que recordaré durante el resto de mi vida. Dicen que todo
el mundo tiene un alma gemela o una media naranja, ¿pues saber qué? Que yo ya
tengo la mía y si tú no abandonas también encontrarás la tuya.
Olvidadas sensaciones.
Es triste saber que las
sensaciones que viviste en ciertos momentos no se van a volver a repetir en tu
vida. La sensación de tu primer beso con alguien, la primera sensación de
libertad, la primera vez que haces algo a escondidas de tus padres, el primer
cigarrillo, lo que sientes en tu primera vez o las sensaciones que te provocan
tu primer ‘te quiero’ son cosas que sabes que solamente podrás experimentar a través
del recuerdo. ¿Es triste verdad? Ver como se nos va la vida entre las manos
como simple arena de la playa, esa impotencia de no poder hacer nada por
aprovechar el tiempo. Solo te digo una cosa viejo amigo llamado tiempo, tú
podrás hacer que momentos de mi vida se esfumen antes de que pueda darme cuenta
pero yo también tengo que decirte una cosa. Tengo que decirte que aprovecharé el
tiempo de la mejor manera que sepa, que no pienso arrepentirme de nada ya que
lo hecho, hecho esta. Que tú a esta pequeña personita de 1,55 no la acobardas y
que no permitiré que te lleves los mejores años de mi vida sin que yo haga
nada, no señor, aprovecharé cada minuto porque ya tendré tiempo de perder esta
batalla cuando mi nombre esté sobre una lápida. Hasta entonces esta batalla es
mía.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Mi vida, una película.
Lo siento pero no soy esa
clase de chica que busca una historia de amor perfecta, un amor de película o
pretender ser una princesa Disney. Eso siempre lo he tenido muy claro ya que
desde que me partieron el corazón lo mío ha sido ir de flor en flor y aunque
muchos digan que es lo peor a mi me daba igual. Pero no sé, cierto día mi
manera de pensar cambió. Toda mi teoría de que yo estaba hecha para ir en flor
en flor se esfumó. “¿Por qué?” te preguntarás. Pues yo te respondo de la manera
más sencilla: no es por qué sino por quién.
Entonces un día llegó esa persona, esa que te hace cuestionarte todo lo
que conoces hasta el punto de estar confundida. Esa persona que te incita a
buscar esas respuestas, respuestas que él tiene pero que eso tu no lo sabes
hasta más adelante.
Desde entonces yo no soy la que era, muchas veces ni yo misma me reconozco
cuando me miro al espejo. Pero eso me encanta, soy diferente, él me hace mejor
persona. Él me ha demostrado que a veces escenas de la vida real pueden darle
mil vueltas a las cosas de las películas, que no todo tiene que ser totalmente
perfecto ya que la imperfección también tiene su encanto. Con él siento que
todo va a ir bien, que nada puede fallar si él me protege. De pequeña me
hubiera encantado ser una princesa como Blancanieves o Cenicienta, pero ni
tengo siete enanos ni una madrastra, pero él me hace toca el cielo como Aladín
con la alfombra o hacer lo imposible para no perderle como hizo la Sirenita.Solo tengo que decir que cuando has encontrado a la persona adecuada simplemente piensas que tu historia es hasta mejor que tu película favorita.
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